viernes, 21 de marzo de 2008



CUENTO DE HORROR


La señora Smithson (estas cosas siempre suceden en Londres) resolvió matar a su marido. No por nada, sino porque -simplemente- estaba harta de él. Se lo dijo:


- Thaddeus, voy a matarte.

-Bromeas, Euphemia - se rió el marido.

-¿Cuándo he bromeado yo?

-Nunca, es verdad.

-¿Por qué habría de hacerlo ahora y en un asunto de tanta importancia?

-¿Y cómo me matarás?

-Todavía no lo sé. Quizás poniéndote todos los días una pizca de arsénico en las comidas. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para destrozarte el cráneo con un candelabro de plata maciza, conectaré a la bañera un cable de la electricidad. No, todavía no lo sé.

El señor Smithson perdió el sueño y el apetito, se enfermó de los nervios y se le alteraron las facultades mentales. Seis meses después falleció.

Euphemia Smithson le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.


Marco Denevi